28 de gen. 2009

Contrabando de Hostias


"El tribunal de los cinco superpecados"

Un organismo del Vaticano juzgará las faltas más graves, entre las que destaca el creciente contrabando de hostias

Se ponen en la fila junto a los fieles y, cuando les llega el turno, abren la boca. El cura les pone encima de la lengua una hostia consagrada. Es el cuerpo de Cristo. Comérselo significa ponerse en paz con dios. Pero no todos lo hacen. Algunos se lo quitan de la boca y lo guardan. Y es que no comérselo puede significar mucho dinero.
Existe un tráfico de ostias consagradas y va en aumento. El cuerpo de Cristo se utiliza para practicar misas satánicas y uno de los países más activos es España, según explicó a Público un miembro de la Penitenciaría Apostólica. Este es el tribunal de la Iglesia Católica que juzga los cinco pecados que se consideran más graves, cometidos tanto por seglares como por los propios religiosos.
El uso de ostias consagradas para practicar misas satánicas es, según la Iglesia católica, uno de los peores pecados que se pueden cometer. El precio de las ostias varía mucho en función de quién las ha consagrado. Las más preciadas, como es lógico, son las que ha bendecido el mismo Benedicto XVI. Cifras no hay o no se quieren hacer públicas, pero este tribunal ha detectado que cada vez hay más casos.

Las dos faltas más comunes son el robo de ostias y la absolución de pecados sexuales
Según la Iglesia Católica todos los pecados se pueden perdonar. Lo único que hay que hacer es arrepentirse de verdad y confesarse a un sacerdote. En la mayoría de los casos, para lograr el perdón y la paz, el pecador tendrá que hacer penitencia, es decir, rezar algún padre nuestro. El castigo depende del pecado. Pero como sucede con la profanación de ostias sagradas, a veces el pecado es tan grave que se escapa al juicio de un párroco de barrio. En estos casos, el cura tiene que derivar la petición de absolución a la Penitenciera Apostólica. Y esta juzgará.

La privacidad del nuevo órgano

Estos días en Roma, la Iglesia ha querido presentar este tribunal y ha organizado una serie de conferencias. Algunos de sus miembros han accedido a hablar con la prensa, pero sin que se publiquen sus nombres. Es una presentación sin nombres. Los miembros de este tribunal están acostumbrados a actuar desde el anonimato. No utilizan ni correos electrónicos ni faxes por cuestiones de privacidad, y cuando alguien recibe una de sus cartas con una sentencia, tiene que destruirla después de leerla.

España es uno de los países donde existe un mayor tráfico de obleas consagradas

Ellos son quienes deciden si hay que perdonar a alguien que haya cometido uno de los cinco pecados que la Iglesia considera más graves. Además del uso de ostias para misas negras, los superpecados son: violar el secreto de confesión, absolver a alguien que haya cometido o haya sido cómplice de un pecado sexual, nombrar obispos sin consentimiento y pegar al Papa. De todos ellos, según explicó un miembro del tribunal a quien llamaremos padre Antonio, los más frecuentes son la profanación de ostias consagradas (para misas satánicas) y la absolución de cómplices de pecados sexuales. En algunos casos, estas relaciones son entre curas y menores. Cuando esto sucede, el tribunal tiene que decidir la suerte del pecador. La justicia laica para diferenciarla de la católica no siempre se entera de estos casos, porque los curas no pueden violar el secreto de confesión.

Cuando un fiel se confiesa al párroco de su barrio y le cuenta que ha cometido uno de estos cinco pecados, el cura le tiene que excomulgar automáticamente. A partir de aquí, el padre tiene que ponerse en contacto con este tribunal y, sin desvelar la identidad del pecador, exponer el caso. Unos días más tarde, este cura recibirá una carta con una conclusión. O se absuelve al pecador y se le exige una penitencia o no se le absuelve.

En este caso, podrá pedir el perdón más adelante, siempre a través de su confesor. El padre Antonio explicó que hay algunos curas que no recurren a este tribunal cuando un fiel les confiesa haber cometido uno de estos pecados. En estos casos es posible que el cura dé, equivocadamente, una absolución. Pero, siempre según la Iglesia católica, no pasa nada. Al final todos nosotros seremos juzgados por dios y él conoce nuestros pensamientos, dice el padre Antonio.


JORDI MUMBRÚ - Roma - 25/01/2009